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Quiénes somos Imprimir E-Mail

La Asociación para un Trato Ético con los Animales (ATEA) surge en 1994, impulsada por un grupo de personas que durante algunos años formaron la delegación vasca de la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal (ADDA), pionera del movimiento dentro del Estado español.

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ATEA es en la actualidad un colectivo animalista más, de los muchos que han aparecido en escena desde mediados de los años ´70. Con el paso del tiempo, la organización ha ido especializándose en el contacto con los medios de comunicación y en la denuncia constante del fenómeno de violencia más devastador que existe en la actualidad: la agresión humana hacia los demás animales.

 

Quienes formamos parte de la organización luchamos contra cualquier tipo de violencia, abuso o explotación injustificada que el hombre cometa con los demás animales. Éstos son seres capaces de sentir dolor y de experimentar un sufrimiento intenso, y, en la medida en que los seres humanos éticamente activos podemos hacer juicios de valor sobre nuestros actos, estamos moralmente obligados a tratar de evitar el padecimiento ajeno, sea este "humano" o "animal".

 

Quienes luchamos por los derechos de los animales hemos elegido esta causa fundamentalmente porque las víctimas lo son en un doble sentido: inocentes e indefensas.

 

Frecuentemente se acusa a la ideología animalista de ser poco sensible con el sufrimiento humano. Esta suposición resulta tan ofensiva y tan pobre en un plano argumental como asumir que quienes se preocupan de la población infantil (tal vez por ser los niños inocentes e indefensos) sienten absoluto desprecio por los intereses de los adultos o los ancianos. La verdad es que el grado de sensibilización humanitaria entre los militantes animalistas es muy superior a la media social, seguramente por la sencilla razón de que muchos de nosotros hemos abrazado la causa de los animales como consecuencia de una ampliación lógica de nuestra visión ética personal.

En este sentido, deseamos difundir de manera inequívoca que los animalistas también nos oponemos desde un ámbito privado a la pena de muerte, a la tortura, al crimen organizado, a la cadena perpetua y a la esclavitud cuando las víctimas pertenecen a la especie humana. En consecuencia, la organización ATEA desea dejar constancia pública y oficial de su rotunda oposición a cualquier forma de violencia gratuita unilateral, independientemente del género, clase social, especie, orientación sexual o ideología política de la víctima. Condenamos, por lo tanto, toda agresión basada en la discriminación arbitraria.

 
Nuestra Labor Imprimir E-Mail

Sin que ello obedezca a una estrategia inicial deliberada, con el tiempo ATEA ha ido canalizando su labor de manera especial hacia la difusión pública de las tesis animalistas.


La sociedad en la que vivimos fomenta la idea de que los animales están ahí para nuestro uso y disfrute, y que es lícito utilizarlos caprichosamente sin tener en cuenta sus intereses. Dado que se trata de un fenómeno cultural, nuestro objetivo final es cambiar la mentalidad de las personas. Para ello la información objetiva y rigurosa es fundamental.

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En general, cualquier estrategia, acto o trabajo orientado hacia la concienciación sobre la tragedia de los animales o su denuncia resulta válida.


Entre otras actividades:

  • ATEA imparte charlas y participa en mesas redondas, lleva a cabo exposiciones, envía cartas de protesta, elabora folletos temáticos y coloca mesas informativas en la calle.
  • Edita un Boletín Informativo trimestral dirigido a sus asociados y asociadas, en el que da cuenta de las actividades llevadas a cabo.
  • Colabora con otros colectivos animalistas a fin de aunar esfuerzos y dar una mayor resonancia a las campañas que cada uno pueda emprender.
  • Emite comunicados y realiza ruedas de prensa ante temas puntuales.
  • Colabora con medios de comunicación escritos cediendo artículos de opinión, y con las instituciones aportando ideas en la resolución de conflictos entre animales y personas.
  • Elabora de forma permanente un Fondo Documental sobre los diferentes aspectos de la agresión humana hacia los animales, recopilando material de vídeo, audio y todo tipo de noticias o publicaciones alusivas. A lo largo de los años ATEA ha ido recopilando una importante biblioteca sobre temática animalista.
 
Qué somos (y qué no) Imprimir E-Mail

Al objeto de establecer límites y aportar una información veraz sobre la ideología animalista, conviene precisar qué es en realidad un grupo como ATEA, pues con frecuencia se nos vincula a organizaciones y sensibilidades que poco o nada tienen que ver con nuestro verdadero espíritu. En este sentido, creemos que es tan importante aclarar qué somos como qué no somos.

 

ATEA es un colectivo animalista. Nos "interesan" los animales en la medida en que son seres capaces de sentir dolor y, en definitiva, de sufrir. Consideramos moralmente inaceptable someterlos a malos tratos en situaciones que podríamos evitar si estuviéramos realmente interesados en ello. Los animalistas defendemos la idea de que el mismo grado de dolor y angustia tiene las mismas consecuencias para quien lo experimenta, sea cual sea la especie biológica a la que pertenezca.

En realidad lo único que nos diferencia de las organizaciones humanitarias es el grupo de individuos-víctimas a la que va dirigida nuestra labor.

 

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ATEA no es un grupo ecologista o conservacionista. A tal punto es así, que algunas de las tesis que defienden tales corrientes entran en claro conflicto con las animalistas. Nuestro interés no está primordialmente orientado hacia las especies sino a los individuos, que son los únicos entes capaces de sufrir. Por ello, nos indigna en igual grado la agresión a un águila imperial que a un pollo de granja. En consecuencia, la principal particularidad de la ideología animalista respecto a otras inquietudes morales que tienen que ver algo con los animales, es que nosotros vemos a éstos de forma individual, porque sólo los individuos pueden sufrir, y nuestro precepto básico es la lucha contra el dolor gratuito. Por utilizar una analogía que ayude a comprender nuestra filosofía, podemos recurrir a la lucha que llevan a cabo las organizaciones humanitarias, cuyo interés se centra en los derechos individuales, sin que el status del colectivo (un grupo de indios amazónicos, por ejemplo) sea considerado prioritario.

 

En referencia a la afirmación inicial, conviene precisar, sin embargo, que no sentimos una especie de "orgullo" por no ser ecologistas-conservacionistas desde nuestra militancia. De hecho, la mayoría de los animalistas ponen en práctica a diario una gran concienciación medioambiental. Habría que recalcar, así mismo, que nos sentimos mucho más cercanos a la tesis ecologistas que a las conservacionistas, puesto que estas últimas tienen una evidente tendencia a considerar el medio (incluidos los animales) como una especie de despensa al servicio del ser humano, llegando a asumir a la comunidad biológica como un mero conjunto de elementos reemplazables sin intereses propios y siempre al servicio de la comunidad   humana. De la misma manera, es justo reconocer que dentro del movimiento ecologista el número de personas sensibilizado con la problemática animal es afortunadamente muy superior al resto de la sociedad, y ésto es algo que se ha potenciado en los últimos tiempos.

 

No somos una Sociedad Protectora. No recogemos animales abandonados ni gestionamos refugios de acogida. De esta encomiable labor se ocupan las SPAs, con cuyos objetivos nos identificamos de lleno. Nuestro trabajo está sobre todo dirigido a la concienciación social, precisamente para que algún día no se necesiten los centros de protección. La realidad es que se trata de trabajos complementarios.

 

La mayoría de las personas que formamos parte de grupos como ATEA no nos consideramos necesariamente "amantes de los animales". Aunque ambas cosas no son incompatibles, lo cierto es que no creemos que se trate de una cuestión sentimental, sino de pura justicia. Recurriendo de nuevo a las organizaciones humanitarias, resulta ilustrativo que quienes forman parte de las mismas no se vean a sí mismos como "amantes" de los niños, de los pobres, de los enfermos, de los ancianos o de los represaliados políticos. Pero, a renglón seguido, se asume como "natural" identificar a quienes se oponen a cualquier atrocidad que se cometa con los animales con "cursis sentimentales" sin nada mejor que hacer en su tiempo libre. Demasiada gente sigue creyendo que muchas y muchos animalistas se han decantado por esta causa como podían haber elegido la filatelia. Todo ello deriva, naturalmente, de toda una concepción cultural que no reconoce entidad al dolor ajeno si éste no tiene forma humana.


Para apoyar la causa de los animales no necesitas militar en ningún colectivo organizado para ello. Basta con que adquieras una determinada conciencia y un mínimo compromiso personal. ¿Ves qué fácil?


Pero, si además de eso, respaldas con algunas de las fórmulas que aquí te presentamos a alguna Organización de Defensa Animal, sería estupendo. No puedes imaginarte la alegría sana que sentimos cuando alguien se nos une. A más gente, más posibilidades de acción y mayor efectividad en la lucha.


Como puedes ver si te das una vuelta por la red, el número de grupos es realmente amplio, como diversa es su forma de trabajo, filosofía, prioridades o estrategias de lucha. Si decides adherirte a un grupo animalista no tiene porque ser necesariamente el nuestro. Pero, para qué vamos a engañarte, nos encantaría que así fuera. Si te animas, bienvenido.

 
Apoyar a ATEA Imprimir E-Mail

Si has decidido militar en la causa animalista a través de nuestra organización, puedes hacerlo de muy diversas formas:


Inscribiéndote como socia/o, sustentando así económicamente nuestra labor cotidiana. Optar por esta posibilidad significa mucho más que aportar una cuota periódica. Supone respaldar toda una ideología, adquirir un mínimo compromiso personal, mostrar tu confianza hacia la gestión y filosofía del grupo, dotar de mayor entidad a asociaciones como la nuestra o como cualquier otra similar, ante las instituciones y ante la sociedad en general. Cuantas más personas seamos, mayor credibilidad tendremos, y se dotará a la causa de una dignidad.

 

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Aportando tu actividad y trabajo personal en alguno de los grupos de ATEA. Tus opiniones, tu labor manual, tu aportación altruista, en definitiva, es siempre bienvenida. No obstante, y con sinceridad, lo idóneo es que asumas los dos primeros puntos de esta sección. Hazte activista, en consecuencia.


Difundiendo nuestros materiales (escritos, página web) y nuestro mensaje. En este sentido, no siempre podemos asegurar el envío indefinido de material gráfico, sobre todo por cuestiones de tipo económico.


Adquiriendo nuestros materiales publicitarios (camisetas, postales, pegatinas, mecheros, folletos temáticos...) De esta manera, además de sufragar en parte la inversión realizada, se difunde el mensaje animalista.


A través de mi legado patrimonial.

 
Una vida coherente Imprimir E-Mail

La explotación animal tiene consecuencias devastadoras par sus víctimas. Antes de que acabes de leer este párrafo, miles de inocentes habrán muerto tras una vida de privaciones y sufrimientos. Y varios miles de millones más están en este mismo momento siendo explotados con el único fin de obtener su carne, su piel, sus cuernos, sus huevos, su leche, su bilis sus testículos. Y otros muchos están siendo linchados en público hasta morir, con el consentimiento e incluso el respaldo de la administración, que condecoran y elevan a la categoría de héroes a los autores de estos crímenes. A pesar de que el hecho de haber conseguido algunas leyes de protección pueda hacernos pensar en que las cosas van a mejor, lo cierto es que podemos afirmar sin titubeos que el momento que vivimos es el peor de la historia para los animales que viven cerca del hombre. Jamás hemos hecho sufrir tanto y a tal número de inocentes. Hemos convertido la vida de los animales en un absoluto y constante infierno.

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Esta deprimente realidad puede hacernos pensar que poco podemos hacer por ellos desde nuestra humilde condición individual. Pero, al adoptar una postura derrotista como ésta, parecemos olvidar que la comunidad humana esta compuesta precisamente de individuos, y que, desde un ámbito privado o público, nuestro poder de acción es muy superior al que a veces suponemos. Deberíamos plantearnos la cuestión en términos de ¿qué tipo de sociedad sería aquella compuesta por personas como yo? La respuesta es simple. Se trata de multiplicar. Si, por convicciones éticas, yo no asisto a espectáculos en los que se martiriza a animales, y todo el mundo actuase de la misma forma, simplemente no existirían las corridas de toros, los circos ni las carreras de galgos. Puede parecer un tanto simplista, pero cambiar el mundo comienza por un cambio en cada uno de nosotros y por adoptar una postura comprometida y coherente con lo que pensamos. En este campo analítico, aplicar un elemental principio de extrapolación resulta fundamental. La forma en que nos deberíamos plantear la situación se nos presenta en dos etapas. En primer lugar, cabe preguntarse si nos gustaría ser víctimas de las situaciones en las que los animales sufren y mueren simplemente porque la gente no se toma sus intereses en serio. En un segundo término, debemos elegir entre ser parte del problema o de la solución. Si adoptamos una postura egoísta y nos decantamos por lo primero, se abre una nueva interrogante: ¿en qué medida alguien puede tener intacta su autoridad moral para denunciar aquellas situaciones en las que es víctima de cualquier situación de violencia gratuita?


Todo esto puede parecer poco más que retórica (y tal vez lo sea), por lo que podemos pasar a cosas prácticas y concretas. ¿Qué podemos hacer cada una y cada uno de nosotros en nuestra vida cotidiana para paliar el holocausto animal? El típico listado de consejos resulta recurrente y hasta repetitivo, pero sigue siendo bastante clarificador respecto a toda esa colección de pequeñas cosas que podemos elegir (rechazando, en consecuencia, otras) para dar un paso en la dirección adecuada.

 
10 consejos Imprimir E-Mail
para prevenir el sufrimiento de los animales en su vida cotidiana

  1. Cuando compres zapatos, abrigos y prendas de vestir en general, considera las alternativas. En lugar de adquirir cuero, pieles de lujo, lana, o seda, trata de elegir productos de fibras vegetales o sintéticas. Son igualmente atractivos, en ocasiones más baratos, y no causan dolor a los animales
  2. Intenta reducir los productos animales (carne, pescado, leche, huevos) en tu dieta tanto como te sea posible. Es posible que, si nunca te lo has planteado, te resulte un poco duro al principio, pero seguro que te resulta más seductor de lo que pensabas. Las condiciones que tienen que soportar los animales en las granjas intensivas o en su captura en el mar son terriblemente crueles. Además, actualmente el mercado facilita bastante algunas opciones, como elegir margarina en lugar de mantequilla, leche de almendras o de soja en vez de leche de vaca, hamburguesas o salchichas vegetales que pueden satisfacer tu paladar. Tú pones el límite. Plantéate en serio la posibilidad de revisar tu dieta para evitar tanto sufrimiento inútil.
  3. Haz un esfuerzo por adquirir cosméticos y productos de limpieza para la casa que no hayan sido experimentados sobre animales. Es una forma de boicot muy eficaz contra empresas a las que no les importa el dolor ajeno. La lista de marcas comerciales que se han adherido a esta opción ética es cada día más amplia. En general procura evitar cualquier producto que contenga ingredientes animales.
  4. Convence a la gente de tu entorno para que no practique la caza y la pesca deportiva. Se trata de actividades tan crueles como innecesarias que causan espantosos sufrimientos a los animales y que violan su derecho a la vida y a la integridad física.
  5. Respeta a los animales que viven en su ambiente natural. No los molestes. No tienes porque sentirte cautivado por su belleza, pero no olvides que ellos están en su única casa y que la necesitan para vivir. Colaborar con grupos ecologistas es una buena manera de posicionarte a favor de su protección.
  6. Muéstrate crítico con aquellos negocios basados en el cautiverio de animales (zoológicos, parques acuáticos, aquariums, circos...) Los animales necesitan grandes espacios abiertos, y estos centros no satisfacen sus necesidades psicológicas y sociales más básicas. Lejos de poder considerarse entornos educativos, se muestran muchas veces, como en el caso de los circos y parques acuáticos, como una autentica tortura para ellos, pues son obligados a actuar de manera contraria a su naturaleza.
  7. No te quedes callado si en los colegios o universidades de tu entorno se experimenta con animales. Recuerda que tienes el derecho moral a hacer objeción de conciencia hacia determinadas prácticas. Sugiere a los profesores que opten por alternativas que no supongan la utilización de animales, y que se creen debates al respecto.
  8. Si encuentras un animal doméstico extraviado o sin dueño , intenta buscarle un lugar seguro donde se le acoja como a uno más de la familia. Piensa en la posibilidad de que tu casa puede ser el sitio perfecto. Si no encuentras otra alternativa mejor, llévalo a un Centro de Protección Animal e interésate por su porvenir. Si tienes la imperiosa necesidad emocional de convivir con un animal, piensa siempre primero en adoptarlo de un refugio. No lo compres a criadores profesionales, pues estarás alimentando un cruel negocio. Los únicos animales adecuados para convivir con nosotros en casa son los perros y los gatos. Si ya convives con alguno de ellos, no permitas de que tenga descendencia. Será lo mejor para ellos y para ti.
  9. No adquieras animales exóticos, incluidos los llamados "pájaros de jaula", para los que su cautiverio constituye un sufrimiento constante. Hámster, cobayas y loros nos resultan animales simpáticos pero son fruto de un comercio que los ve como simples objetos, y cuyo único objetivo es la rentabilidad económica final. Otros animales, como las tortugas de Florida, serpientes, arañas, chinchillas o ranas no tendrán en nuestra casa más que una mala imitación de su verdadero hogar. Prácticamente en todos los casos, la ilusión inicial deriva en problemas que acaban pagando siempre los mismos. Algunos de los animales que venden en las tiendas han sido raptados directamente de su medio y transportados en unas condiciones tan aberrantes que la mayoría muere antes de llegar a su destino.
  10. No participes con tu presencia ni con tu dinero en espectáculos públicos crueles con los animales. Las corridas de toros, encierros, vaquillas, carreras de caballos y de galgos, están basadas en una explotación injusta de las víctimas. Piensa que si todo el mundo adoptase una postura más activa y crítica, tales situaciones no existirían.

Además de todos estos consejos, te sugerimos que te plantees en serio la posibilidad de militar activamente en Grupo de Defensa Animal. Hay muchos para elegir. ATEA es uno más. De esta forma, usarás tu voz y tu tiempo a favor de los más indefensos. Los animales no pueden hablar ni organizarse para exigir sus derechos. Hazlo tú por ellos.

Los documentos que aparecen en esta sección son tan sólo una pequeña muestra del mensaje animalista que se difunde desde ATEA a los medios de comunicación, mediante notas de prensa y artículos temáticos. Hemos intentado incluir todo tipo de temas relacionados con la violencia humana hacia los animales.