ATEA LLEVARÁ A CABO UNA CAMPAÑA INFORMATIVA DURANTE LA ASTE NAGUSIA DE BILBAO SOBRE LAS CORRIDAS DE TOROS
La Asociación para un Trato Ético con los Animales (ATEA) instalará un punto informativo diario durante la celebración de la Aste Nagusia bilbaína, con un amplio horario (entre las doce del mediodía y la media noche), donde la ciudadanía podrá informarse de los terribles efectos que tienen para los animales las corridas de toros. La campaña lleva por título “Dibertigarria da? Ponte en su lugar”. La campaña se centra en el punto informativo referido, y estará apoyada por carteles alusivos en diferentes estaciones del metro de la capital (se adjunta documento), a través de la imagen impactante de un ser humano víctima de la lidia. Con ello deseamos transmitir la idea de la empatía, recogiendo la regla de oro asumida por todas las doctrinas éticas conocidas: “No hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran a ti”. La campaña se enmarca dentro de la corriente a favor de los derechos de los animales que desde hace treinta años se ha hecho un hueco merecido en la opinión pública mundial. Los animales no humanos son hoy explotados en multitud de facetas que podríamos evitar si estuviéramos realmente interesados en ello, por lo que cabe decir que todas estas situaciones provocan un sufrimiento gratuito. Las áreas principales en las que se producen los malos tratos a los animales se enmarcan fundamentalmente en tres niveles: alimentación, investigación y entretenimiento. Aunque las dos primeras son porcentualmente las más graves por el número de individuos implicados, debe resaltarse que aquellas situaciones en las que se arremete a los animales en espectáculos públicos son especialmente groseras en un plano moral, por cuanto se rebaja a los mismos al status de meros objetos de diversión. Otro factor agravante lo constituye el hecho de que muchas de estas situaciones son no solo consentidas sino promovidas por la propia administración, que en realidad debería actuar como referente ético de la sociedad. Cuando tratamos el tema de los actos públicos que se sirven de animales no estamos hablando de una cuestión baladí, puesto que se trata de una agresión tanto psíquica como emocional a seres que son idénticos a nosotros en cuanto a factores como el sistema nervioso o los mecanismos emocionales, lo que convierte la agresión que se comete contra ellos en algo inaceptable desde un punto de vista ético. ATEA cree que la colección de argumentos que se esgrimen desde la parte taurómaca no son sino burdas excusas con las que mantener su afición. Parece claro que el mero hecho de que algo sea tradicional, artístico o cultural no lo convierte per se en algo bueno y deseable. De hecho, se trata de conceptos imprecisos y ambiguos, lo que los convierte en fácilmente manipulables. Al igual que las corridas de toros, realidades como la ejecución pública de reos, la mutilación genital femenina o la esclavitud laboral infantil son lacras que perviven en muchas partes del mundo, y la tradición, la habilidad del verdugo o la pertenencia a la cultura local no las convierte en moralmente legítimas. Nuestra organización entiende que la tradición que agrede y causa dolor debe arrinconarse, que el arte de la agresión es un arte sucio, y que la cultura que no respeta los derechos ajenos más elementales tiene que ser reformulada. Contra este conjunto de pseudo-argumentaciones que se emplean para defender la tauromaquia, los postulados animalistas sostienen que es el dolor físico y el sufrimiento emocional gratuito infligido a toros y caballos lo que la hace condenable. La cruda realidad de las corridas de toros La corrida involucra a tres especies animales diferentes: toros, caballos y humanos. Y, contra lo que suele pensarse, nada hay de lucha natural o de igualdad en sus relaciones durante la lidia. Es el hombre el que ejerce su dominio y abusa de las otras dos. La finalidad es simplemente el entretenimiento. Resulta evidente que tros y caballos son obligados a intervenir en la lidia por métodos violentos. Somos los humanos quienes decidimos unilateralmente su destino. Parece claro que ninguno de ellos consentiría participar en la fiesta con el papel que se les ha reservado si no es por la fuerza. Además de las fraudulentas e inmorales manipulaciones que las víctimas sufren antes de que se inicie el espectáculo en sí, todo el repertorio de tortura a la que se someten ante el público y los medios informativos está convenientemente reglamentado, lo que le da un cierto halo de credibilidad moral. Dado que la gran víctima olvidada de la tauromaquia es una y otra vez el caballo, entendemos que merece una suerte de desagravio histórico por parte del animalismo. El peto, lejos de evitar sufrimientos a los mismos, consigue que sufran una agonía más larga. Porque de agonía puede calificarse la suerte de los caballos que intervienen en la corrida. Hay que tener en cuenta que el peto actúa como lo hace un chaleco anti-balas, expandiendo el golpe localizado y haciendo que todo el costado se resienta, provocando con frecuencia fracturas óseas y otras complicaciones en los órganos internos. El toro tiene un gran peso y es citado (obligatoriamente por el reglamento) desde una distancia mínima, llegando a gran velocidad cuando choca con el caballo. No consta que los caballos sean atendidos adecuadamente de sus lesiones. La cruda realidad es que son utilizados feria tras feria hasta que ya solo “sirven” para el matadero. No existe un seguimiento fiable de estos pobres animales, pero se sabe que la consideración hacia ellos es mínima. Se les obliga a salir al ruedo aunque todavía estén convalecientes de los golpes y heridas de la última corrida. Hay datos que atestiguan verdaderas atrocidades, como rellenar los huecos de las heridas con periódicos y aserrín, para que aguanten un par de actuaciones más. Pero lo que no deja lugar a dudas es que los caballos tienen auténtico pánico al entorno del ruedo, de tal forma que salen con los ojos tapados y las cuerdas vocales seccionadas para que el relincho de terror no moleste a los espectadores. Respecto al protagonista del evento, el toro, decir que en su cadáver podemos encontrar un mínimo de doce heridas producidas por cinco armas diferentes. El animal, sólo en la suerte de varas, pierde una media de dos litros de sangre. El destrozo de la puya hace que la zona de castigo (el morrillo) se convierta en un despojo que no sirve ni para consumo. En apenas veinte minutos ha pasado de ser un animal brioso a ser un guiñapo sanguinolento. El toro, animal de naturaleza gregaria, aislado de la manada que ha conocido durante años, es colocado en un amiente hostil. Se le obliga a salir a un espacio en el que no existe posibilidad de huida, no sin antes incrustarle en la espalda un arpón distintivo. De esta manera el animal sale a la defensiva, dolorido por la púa y desconcertado por una situación que no comprende. No es extraño que ya en la última parte de la faena, muchos toros se sienten derrotados y padecen lo que los etólogos denominan “síndrome de claudicación”. Simplemente se dejan matar. A los toros se les arremete casi en exclusiva en la zona del morrillo ates mencionada. Es algo perfectamente estudiado, puesto que se trata de una zona que no afecta demasiado a la motricidad (algo que desluciría el espectáculo) y sin embargo hace que se desangre lentamente y acabe muriendo en el momento preciso. El mayor castigo que reciben es sin duda la que le inflige el picador, de tal forma que tras esta suerte la mayoría de los toros morirían (como de hecho sucede en los indultados) por las infecciones en una herida tan brutal. Es normal que muchos toros se resientan después de la puya, pero para “recuperarlos” momentáneamente están las banderillas, que una vez clavadas van desgarrando los músculos internos por el constante movimiento del animal. La parte final pretende acabar rápidamente con la vida de un animal ya moribundo, clavándole una espada en el corazón. Pero lo más frecuente es que lo que atraviese e arma sea alguna parte de los pulmones, por lo que los toros literalmente mueren asfixiados por falta de oxigeno. Si la víctima no “colabora” y se aferra a la vida, se le clava un puñal que en teoría debería seccionarle la médula espinal, pero no es raro que ésta quede parcialmente dañada y se produzca una parálisis. Cabe decir aquí que este método de sacrificio era el habitual en los mataderos, donde fue prohibido por cruel e ineficaz. Lo normal es que los toros sean plenamente conscientes cuando abandonan la arena arrastrados por las mulillas, e incluso cuando son desollados unos minutos después. Numerosos testimonios atestiguan tales extremos. Reflexiones colaterales Entre todas las formas de violencia que los seres humanos ejercemos sobre los demás animales, probablemente las más perversas son aquéllas en las que el maltrato se produce de forma pública. Las corridas de toros son, sin duda, uno de los espectáculos más crueles que existen. El lenguaje taurino utilizado para referirse a estos actos ayuda a enmascarar la realidad y la verdadera naturaleza de los mismos. Ante este engaño manifiesto, debemos asumir la realidad al y como es: la tauromaquia es tortura; tortura a un ser inocente cuya única “culpa” ha sido nacer toro. Debería resultar innecesario recordar que toros y caballos son sensibles al dolor y al sufrimiento, de la misma manera que lo somos los seres humanos. Torturar a un hombre o a una mujer no es necesariamente peor que hacer lo mismo con cualquier otro animal, y hacerlo de forma pública constituye un agravante moral. Por ello, nos preocupa enormemente que la administración, medios informativos y público en general sigan permitiendo y apoyando estos actos vandálicos prohibidos en casi todo el mundo, aunque resulta esperanzador que cada vez más ciudadanos y ciudadanas se cuestionen muy seriamente la concesión de derechos básicos para todos los animales, y no sólo los humanos. · En una sociedad que respetase los derechos básicos de todos los animales (y no sólo de los humanos), actividades como la tauromaquia estarían prohibidas y, por tanto, perseguidas por la ley, y sus promotores serían considerados como delincuentes. Esto es, de hecho, lo que sucede en la mayor parte de los países del mundo, para los que somos una vergonzosa excepción. · Las corridas de toros y, en general, el maltrato público de animales, no son un fenómeno aislado. Se trata, por el contrario, de una manifestación más del hecho especista. El especismo es la actitud mental mediante la que discriminamos a unos animales con respecto a otros. Un ejemplo esclarecedor lo tendríamos en la persona que no permitiera que su perro permaneciera atado más de 10 minutos y que, sin embargo, permanece impasible ante la brutal agresión a que son sometidos animales inocentes durante dos horas. · La responsabilidad de la existencia de las corridas no sólo recae sobre quienes crean ese espectáculo o sobre quienes pagan por presenciarlo, sino que existen otros factores para su pervivencia. Por una parte, estaría el gran público que no se posiciona al respecto, y al que se podría acusar de cómplice por su indiferencia. Y por otra, dos grandes poderes fácticos. Los poderes públicos (instituciones como ayuntamientos, diputaciones, gobiernos autónomos, etc.) que no sólo permiten, sino que apoyan y promueven la tortura pública de seres inocentes. Y los medios de comunicación, que informan sobre estos hechos no desde la neutralidad, sino desde el fomento y la apología. · Nos gustaría una vez más recordar la evidencia. Cuando una persona adquiere una localidad, cuando un comerciante permite la colocación de un cartel en su establecimiento, cuando una institución apoya la celebración de estos eventos, cuando un medio audiovisual informa de una corrida de toros. Cuando una firma comercial utiliza determinada estética o determinadas áreas de promoción. Cuando todo esto sucede, se está apoyando la tortura. Y no existe una tortura específica de los toros o los caballos, otra de los niños y otra de las mujeres. Existe simplemente el hecho objetivo de la tortura, y las consecuencias de la tortura son tan indeseables para una víctima como para otra, independientemente de la especie biológica a la que pertenezcan. · Resulta descorazonador y deprimente al mismo tiempo tener que recurrir una y otra vez a incitar a la gente a poner en práctica un elemental ejercicio de empatía, es decir, a ponerse en lugar del otro. Nadie entre los asistentes a una corrida de toros aceptaría que otro le pinchase con un alfiler, mientras acepta complacido que a un ser inocente se le provoquen heridas por las que cabe nuestro brazo. La autoridad moral de quienes defienden estos espectáculos para indignarse por otro tipo de violencia, queda seriamente atenuada. · Queremos recordar, por último, que, a pesar de su general desconocimiento, existe una DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DEL ANIMAL, en la que, entre otras cosas, se proclama: “QUE todo animal tiene derecho al respeto”. “QUE el hombre no puede atribuirse el derecho a exterminarlos”. “QUE ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos crueles”. Y finaliza con la siguiente sentencia inequívoca: “Los derechos de los animales deben ser defendidos por la Ley, como lo son los derechos del hombre”. El punto informativo de ATEA estará abierto a partir de las 18.00 horas del sábado 16 de agosto, donde se atenderá a los medios de comunicación que lo requieran.
Horario A partir de las 18.00 del sábado 16, y entre 12.00 y 24.00 el resto de los días. Ubicación Recinto festivo de El Arenal, junto al puente del Arriaga. Teléfonos de contacto Miren (626 631 593) Luis (677 916 206) |
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Por unos Sanfermines de verdad respetuosos, sin violencia gratuita hacia los animales Un año más, Pamplona celebra sus famosas fiestas, en buena medida sustentadas propagandísticamente en la agresión brutal a seres inocentes (los toros), en sus dos versiones principales: las corridas y los encierros. A esto hay que añadir una realidad que con frecuencia pasa desapercibida para la mayoría de la gente, como son los circos. Es por ello que ATEA (Asociación para un Trato Ético con los Animales) desea hacer llegar a la opinión pública su firme rechazo a cualquier manifestación lúdica que implique dolor y sufrimiento gratuitos, del todo incompatible con una sociedad éticamente progresista. Entre todas las formas de violencia que los seres humanos ejercemos sobre los demás animales, las más perversas son aquellas en las que el maltrato se produce de forma pública, y el hecho de que estén auspiciadas tanto por la Administración como por el poder político y mediático agrava esta situación. Mientras algunas de estas agresiones son percibidas como tales por el grueso de la sociedad (las corridas de toros, por ejemplo), otras se asumen como tradiciones inocuas por la trivial razón de que no se perfora el cuerpo de las víctimas con objetos metálicos o no se les da muerte (los encierros en todas sus variantes, y los espectáculos circenses). En cuanto a las tradicionales corridas de toros se refiere, la realidad trata de enmascararse tras un lenguaje eufemístico que a duras penas consigue enmascarar la verdadera naturaleza de los mismos. Por encima de que pueda aceptarse como arte, cultura y tradición (conceptos que por subjetivos son fácilmente manipulables), la tauromaquia es tortura. Tortura a un ser inocente cuya única "culpa" ha sido nacer toro. Resulta obvio recordar que toros y caballos (éstos últimos las grandes víctimas olvidadas de este linchamiento legal) son sensibles al dolor y al sufrimiento, de la misma manera que lo somos los seres humanos. Torturar a un hombre o a una mujer no es necesariamente peor que hacer lo mismo con cualquier otro animal, y llevarlo a cabo de forma pública constituye un agravante moral. Nos preocupa enormemente que los poderes públicos, medios de comunicación y ciudadanía en general sigan permitiendo y apoyando estos actos vandálicos prohibidos en casi todo el mundo, aunque resulta esperanzador que cada vez sean más quienes se cuestionan muy seriamente la concesión de derechos básicos para todos los animales, y no sólo para los humanos. Parece obvio que en una sociedad que respetase los derechos básicos de todos los animales (y no sólo los de las personas), actividades como la tauromaquia estarían prohibidas y sus promotores serían considerados simples delincuentes. Esto es, de hecho, lo que sucede en la mayor parte de los países del mundo, de los que seguimos siendo una vergonzosa excepción. La responsabilidad de la existencia de las corridas no sólo recae sobre quienes promueven el espectáculo o pagan por presenciarlo, sino que existen otros factores para su pervivencia. Por una parte, estaría el gran público que no se posiciona al respecto, y al que se podría acusar de cómplice por su indiferencia. Y por otra, dos grandes poderes fácticos: los poderes públicos (instituciones como ayuntamientos, diputaciones, gobiernos autónomos, etc.) que no sólo permiten, sino que apoyan y promueven la tortura pública de seres inocentes; y los medios de comunicación, que informan sobre estos hechos desde el fomento y la apología. Nos gustaría una vez más recordar la evidencia. Cuando una persona adquiere una localidad, cuando un comerciante permite la colocación de un cartel en su establecimiento, cuando una institución apoya la celebración de estos eventos, cuando un medio audiovisual informa de una corrida de toros, cuando una firma comercial utiliza determinada estética o determinadas áreas de promoción, cuando todo esto sucede, se está apoyando la agresión institucionalizada. Y cabe recordar que las consecuencias de la misma son tan indeseables para unos como para otros, humanos o animales, independientemente de la especie biológica a la que pertenezcan. En este sentido, resulta descorazonador y deprimente al mismo tiempo tener que recurrir una y otra vez a invitar a la gente a poner en práctica un elemental ejercicio de empatía, es decir, a ponerse en lugar del otro. Nadie entre los asistentes a una corrida de toros soportaría que otro le pinchase siquiera con un alfiler, mientras acepta complacido que a un ser inocente se le provoquen heridas por las que cabe nuestro brazo. Es difícil encontrar una escena más egoísta. En cuanto a los encierros, la fascinación que la mayoría de la gente siente hacia ellos impide una reflexión objetiva y rigurosa sobre las consecuencias que tienen los mismos para sus verdaderas víctimas: los toros. Si hiciéramos un esfuerzo mental para ponernos en su lugar, comprobaríamos que el auténtico sufrimiento comienza cuando son raptados de la dehesa, el único entorno que conocen, donde tienen compañeros de manada y numerosos lugares que constituyen toda su referencia vital. El traslado a cientos de kilómetros es siempre para ellos una experiencia traumática, por su incapacidad para comprender lo que sucede. El estrés severo que experimentan durante el viaje les hace perder kilos de peso, y algunos llegan a morir por colapso. Ya en el encierro, todo está concebido para que los animales corran y lo hagan además en el sentido que el hombre desea. La realidad es que los pobres animales se muestran aterrorizados ante una multitud extremadamente hostil que les acosa. Es por ello por lo que en lugar de atacar a sus agresores, permanecen juntos con el único fin de encontrar así un contacto físico tranquilizante. Ningún toro corre desbocado durante varios minutos en su medio natural, salvo que este severamente angustiado. Además, el asfalto constituye para ellos una auténtica tortura que les provoca una constante sensación de inseguridad. Son frecuentes las caídas y los golpes en los bruscos cambios de dirección del recorrido. El hecho de no poder refugiarse de quienes les acosan constituye un elemento más de frustración para ellos. Los encierros más famosos del mundo, los de Pamplona, son una burda agresión gratuita a seres por naturaleza pacíficos y huidizos. Hay que decirlo bien claro: ni la tradición ni la aceptación secular pueden legitimar esta canallada. Por otro lado, los espectáculos circenses que se valen de animales (todavía un porcentaje importante) constituyen una de las formas de agresión más severas y al mismo tiempo más desconocidas. En efecto, se da aquí una forma de violencia doble: por un lado, la reclusión a la que se ven sometidos leones, elefantes y tigres; por otro, las técnicas de dominación que se emplean para que los reclusos hagan cosas que no tienen ningún significado natural para ellos. Se doblega así sus deseos, y se consigue de ellos cualquier número por absurdo que sea. El castigo físico está a la orden del día, como han demostrado las grabaciones clandestinas e incluso los propios empleados. La vida cotidiana de los animales que son obligados actuar en los circos es una patética recreación de su entorno natural, convirtiéndose en una rutina de entrenamiento, jaula, pista, viaje. Los desdichados animales de los circos acaban sus días deprimidos, con su personalidad anulada, derrotados física y psíquicamente, y todo para satisfacer el trivial deseo de ver seres haciendo números grotescos. No es extraño que muchos países del mundo e incluso alguna gran ciudad española hayan prohibido la presencia de animales en los circos. Como reflexión genérica, desde ATEA deseamos manifestar que una fiesta basada en la agresión gratuita y unilateral hacia seres inocentes no merece tal nombre, como no lo merecería si la agresión se orientara hacia los humanos. Si de verdad queremos una sociedad progresista desde un punto de vista ético y solidaria, debemos incorporar a los animales humanos a esa sensibilidad. A ello invitamos a los visitantes de Iruña estos días, así como a la ciudadanía y a la corporación municipal. ATEA Asociación para un Trato Ético con los Animales www.ateaweb.com 4 de julio de 2008 |
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ABANDONO DE ANIMALES El CAMA (Consejo Asesor de Medio Ambiente) del ayuntamiento de San Sebastián, a propuesta de la asociación ATEA, convoca al público en general a una jornada de reflexión sobre el abandono de animales. Somos personas muy afortunadas, vivimos en un país desarrollado, sin pasar, pese a la crisis, grandes necesidades; un país que presume de valores humanos, de proteger a los desprotegidos, y de educar en valores solidarios. Somos los primeros en enviar ayuda internacional cuando se necesita, y nos erigimos en valuarte de la defensa de los pobres, desfavorecidos y de los derechos humanos. En situaciones de grandes catástrofes enviamos aviones, mantas, comida y personal humanitario. Organizamos maratones televisivos, y nos volcamos en ayudas económicas. Somos los primeros en cooperación y en donación de órganos. Somos estupendos. Desde el sillón de nuestra casa, nos permitimos el lujo de sentirnos un poco abrumados por la suerte que tenemos y sentir lástima por aquellos que sufren. Mujeres y niños. Por citar algún ejemplo cercano citaremos lo que acaba de suceder en Birmania o China, o cualquiera de las imágenes de la hambruna en África. Imaginemos por un instante, que una de esas desgracias naturales, cada día más frecuentes, sucediera en nuestro estupendo mundo. Imaginemos que las pasadas inundaciones en Getxo, nos han pasado a nosotros. Imaginemos que de repente nos quedamos sin techo. Sin techo, sin hogar, sin amparo, abandonados a nuestra suerte, sin ayuda de ningún tipo. Abandonados como un bebé, una criatura o un anciano. Sin ningún tipo de recurso emocional para poder comprender lo que nos está sucediendo, el porqué de esta situación, provocando indefensión, impotencia, llanto, dolor y sufrimiento. Sin ser capaces de buscarnos la vida, sin póliza de seguro a la que acudir, sin amigos a los que tocar la puerta, sin nada que comer, sin tener con qué arroparnos y dónde protegernos. Sin techo donde refugiarnos. Sin techo donde llorar nuestras penas, y todo eso, ante la mirada insensible de nuestros vecinos, amigos y nuestras instituciones que supuestamente nos protegen. Recordemos por un segundo esa criatura que llegó en Navidad, cuando tras una breve (o nula) reflexión, eso sí imbuidos por el todopoderoso espíritu navideño, acogimos en nuestro hogar, a ese pequeño ser… ¡Qué bonito! ¡Qué monada! ¡Qué felices éramos todos! Si hubiéramos sabido entonces que compartir nuestra vida con esa criatura, nos comprometía no sólo a cuidarla, y respetarla hasta que la muerte nos separe, ofreciéndole un techo, un hogar, cuidando sus necesidades de alimento, cariño, afecto, levantándonos por la noche para cuidar su llanto. Si hubiéramos sabido entonces lo que nos iba a cambiar la vida lo de los pises, los vómitos, los llantos, las quejas de los vecinos, el desorden en la casa… Ay, si nos hubieran asesorado y nos hubieran dicho que las risas del principio no iban a durar para siempre, que las criaturas crecen, y se hacen grandes, que sus necesidades aumentan, que la Navidad pasa y que todo vuelve a su ser…
Si hubiera…, si hubiera, si…. Imaginemos ahora por un segundo que esa criatura es un animal. Es un perro, un gato, conejo, tortuga, caballo, pájaro… No por ser un animal dejará de sentir todas estas cosas. Y desde luego, no por ser un animal nos libera a nosotros de la responsabilidad. Cuando llegan las vacaciones, ¡Ay si lo hubiésemos sabido! ¿Qué hacemos ahora con el bicho? De un plumazo se nos olvidan todos nuestros compromisos, y la situación se vuelve insostenible. La pregunta de qué hacemos con el bicho, debería ser como la de ¿Qué hacemos con el suegro o el niño? ¿Una residencia? ¡Qué caro! ¿Colonias? ¿Una chica que le cuide? ¿A casa de tu hermano? ¿Y en el avión? La solución suele ser por desgracia, que el bicho a partir de hoy, ya no es de la familia. Esto no merece la pena. Así no se puede vivir. Nos está destruyendo…. Y "Ojos que no ven, corazón que no siente" como dice el refrán… Y el bicho, acaba en el mejor de los casos en una casa de acogida; en el peor, se vuelve otro "sin techo" que pululará y mendigará a nuestro lado, ante la indiferencia de nuestros ojos, que prefieren no ver lo que está pasando. Porque no lo olvidemos; nosotros somos solidarios, vivimos en una sociedad modelo, que protege y ayuda. Si fuéramos tan animales para poder sentir lo que significa ser abandonado, lo que implica ser un sin techo, lo que supondrá pasar frío, hambre, tristeza y abandono. Lo duro que será acabar solo en una cuneta atropellado, o muerto por otro animal en una pelea ilegal, o en un laboratorio. Si fuéramos tan sensibles para ponernos en su lugar, seguramente no lo haríamos. Pero entonces es cuando, para justificarnos en nuestra arrogancia y prepotencia, para poder seguir viviendo en nuestro mundo de primera fila, pasamos a hablar del ser humano en tercera persona. Y obramos en consecuencia. Abandonamos clandestinamente, con premeditación, nocturnidad y alevosía, al que hasta entonces había sido el "rey o reina de la casa" Pero no está todo perdido, porque claro está, vivimos en una sociedad democrática y de derecho, y las leyes están para proteger y protegernos, y las Instituciones velan por el cumplimiento del Ordenamiento Jurídico, ¿no? Tenemos ahí, por ejemplo, la Ley de Protección de los Animales del Gobierno Vasco que prohíbe específicamente el abandono de los mismos en su Artículo 4 . Esta Ley acaba de cumplir ahora 14 años, y en su Exposición de motivos dice textualmente que “el desarrollo de las sociedades de nuestro entorno ha venido acompañado de la adquisición paralela de un mayor grado de desarrollo social y cultural, manifestado también por una cada vez más importante exigencia de respeto hacia los seres vivos que integran el mundo animal, y particularmente hacia aquellos animales que más cerca e íntimamente conviven con el hombre”. Y para seguir regalándonos los oídos añade “La presente Ley persigue aumentar la sensibilidad ya existente en nuestra sociedad, mediante el establecimiento de las bases para una educación que promueva la adopción de comportamientos más humanitarios y propios de una sociedad moderna" Desgraciadamente, nos parece que estos loables objetivos no se han cumplido a causa de la escasa aplicación de la Ley por parte, fundamentalmente, de la Administración. Creemos que a pesar de que esta Ley sea una normativa insuficiente, restrictiva y discriminatoria, que deja fuera de su ámbito a muchos animales y situaciones necesitados de protección, si se aplicara y se desarrollara hasta sus últimas consecuencias, la situación de muchos animales experimentaría una gran mejoría. El art. 4 prohíbe expresamente el abandono de animales, sin embargo son escalofriantes los índices de abandono de los mismos, con la impunidad de sus dueños. Si el control de venta y registro de animales existiera, y si fuera eficaz, quizás esta situación podría cambiar. En este sentido sí cabe reconocer los esfuerzos que se han hecho para informar y concienciar a la sociedad de que no se debe abandonar a los animales en algunas campañas de sensibilización. Pero no nos engañemos, es fácil estar en contra del abandono de animales. Pero no olvidemos que el destino de estos animales, si no se les encuentra un hogar de adopción es el sacrificio. Sacrificio sí, regulado, indoloro, pero una pena de muerte cierta. A los treinta días. Legalmente. Sin comentarios. Sólo queremos recordar que se trata, en todo caso, de seres absolutamente inocentes, sin tener ninguna culpa ni haber cometido ningún delito. En definitiva la Administración deja en manos del voluntariado y de las labores de las Asociaciones la búsqueda de hogares para los animales abandonados, porque legalmente tras esos treinta días se pueden sacrificar. No hay recursos humanos ni materiales para mantener a tanto animal abandonado, todo ello frente a la impunidad del maltratador que realiza esa conducta. El abandono se considera una cesión, y no sólo eso, sino que además, quien abandona a un animal, puede adoptar y coger otro que le guste más. A continuación hablará la representante del Ayuntamiento de Donostia, y nos contará lo que ellos hacen o pueden hacer para evitar esta situación. Por su parte, este genocidio animal sólo se está suavizando por los buenos oficios y el sacrificio humano y personal de la gente como la de la Sociedad Protectora de Animales, y asociaciones como ATEA que denuncian este tipo de situaciones. Hay algunas cosas que como seres humanos podemos hacer para prevenir en cierto modo el abandono, como la esterilización de los animales con los que convivimos. Porque aunque la intervención quirúrgica y la decisión por nuestra parte de no dejar reproducirse a los animales que están bajo nuestra responsabilidad quizás no sea la mejor solución desde el punto de vista ideológico, probablemente sea hoy la mejor manera de evitar ese sufrimiento mayor que es el abandono y sus terribles consecuencias. Porque aunque quizás podamos responsabilizarnos de encontrar un hogar digno para sus cachorros directos, ¿podremos responsabilizarnos de las camadas de éstos? El aumento va en progresión geométrica y las estadísticas nos dicen que el final de muchos será el abandono.
En 2007, la SPAPG tuvo que sacrificar 167 perros y 289 gatos, además de los animales que murieron directamente a consecuencia del abandono y del estado deplorable en el que se encontraron. ¿Es éste el modelo de sociedad irresponsable e irreflexivo que queremos? ¿Son estos los valores y enseñanzas que queremos transmitir a las generaciones futuras? Conviene asimismo recordar, que las únicas especies que pueden convivir en familia con el ser humano, son perros y gatos, por la sencilla razón de responsabilizarnos éticamente de nuestros actos como especie, dado que hemos destruido todo hábitat propio para estos animales, y si perros y gatos no viven con y entre nosotros, ya no tienen donde vivir, ya no existe lugar para ellos en nuestra sociedad. Además, la experiencia de años de convivencia demuestra que son las especies que mejor se adaptan a nuestro modus vivendi. Dejemos vivir en paz a otras especies, evitemos secuestrar y torturar animales exóticos que por fortuna aún disponen de hábitat propio en el que pueden desarrollarse como especie, dando respuesta a sus necesidades. El tráfico ilegal de especies exóticas es el tercer negocio ilegal en el mundo, tras el narcotráfico y el tráfico de armas; para enjaular de por vida un loro en nuestras casas, nueve han muerto atrozmente en el camino. Prevengamos todo este sufrimiento. Adoptemos animales con responsabilidad, no los compremos en tiendas que fomentan el comercio de los mismos, exóticos o no, y evitemos el sufrimiento de las perras de raza que pasan su corta vida pariendo. Porque todo esto depende de nosotros y nosotras, y el abandono de animales no es más que una más entre todas las áreas en las que los seres humanos maltratamos al resto de animales, simplemente por pertenecer a otra especie que no es la nuestra. Si el racismo discrimina en función de la raza y el sexismo en función del sexo, el especismo lo hace en función de la especie. ATEA (Asociación para un Trato Ético con los Animales) Donosita-San Sebastián a 25 de junio de 2008 |
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COMUNICADO DE PRENSA DE ATEA El CAMA (Consejo Asesor de Medio Ambiente) del ayuntamiento de San Sebastián, a propuesta de la asociación ATEA, convoca al público en general a una jornada de reflexión sobre el abandono de animales. Vivimos en una sociedad presuntamente progresista, que presume de educar en valores, pero que sin embargo, abandona a sus animales no humanos, sin ningún tipo de escrúpulo, y ante la mirada insensible de sus miembros e instituciones.
Porque esa es la realidad sangrante, consecuencia de nuestro egoísmo y prepotencia. El ser humano, nos hemos adjudicado la cúspide de este planeta que agoniza, y nos autoconcedemos el derecho a hacer lo que simplemente se nos antoja, sin tener en cuenta cuestiones vitales como el sufrimiento, tortura y muerte de aquellos animales sobre los que ejercemos nuestra arrogancia.
En muchos de los casos, las fechas navideñas se convierten en cómplices de nuestra irresponsabilidad, y acabamos comprando animales, o en el mejor de los casos adoptándolos, de forma irreflexiva. Así, amparados en el consumismo imperante y motivados por caprichos vanidosos, cosificamos la vida y la dignidad de seres sensibles con necesidades específicas.
Cuando decidimos compartir nuestra vida con animales de otra especie, nos comprometemos a cuidarlos, amarlos y satisfacer no sólo sus necesidades básicas de alimento y techo, sino también las de cariño y afecto; porque cuando abandonamos un animal, no sólo corre peligro su supervivencia física, sino también la emocional y afectiva.
Y ese compartir la vida, incluye hacerlo también en vacaciones, porque a menudo nos damos cuenta de que nuestro compañero de especie no humana y para el que somos su única familia, no encaja en esos planes fundamentalmente estivales. En consecuencia, personas que en su día decidieron hacerse cargo de un animal, priorizan otras cuestiones por encima de esa responsabilidad voluntariamente adquirida y lo abandonan “disimuladamente” en algún lugar donde esperan sea recogido por un alma caritativa, yéndose tranquilamente de vacaciones; pero no nos engañemos, su destino más probable será morir atropellado, una pelea ilegal, un laboratorio o terminar sacrificado por no poder atender en los refugios a tanto animal abandonado. No está de más recordar que la Ley de Protección de los Animales del Gobierno Vasco prohíbe específicamente el abandono de los mismos en su Articulo 4 apartado 2º ¿Cuándo empezará a cumplirse o a hacerse cumplir aplicando las medidas y sanciones correspondientes? Además de estas cuestiones de índole moral, podemos prevenir el abandono esterilizando a los animales con quiénes convivimos. Porque aunque la intervención quirúrgica y la decisión por nuestra parte de no dejar reproducirse a los animales que están bajo nuestra responsabilidad quizás no sea la mejor solución desde el punto de vista ideológico, probablemente sea hoy la mejor manera de evitar ese sufrimiento mayor que es el abandono y sus terribles consecuencias. Porque aunque quizás podamos responsabilizarnos de encontrar un hogar digno para sus cachorros directos, ¿podremos responsabilizarnos de las camadas de éstos? El aumento va en progresión geométrica y las estadísticas nos dicen que el final de muchos será el abandono.
En 2007, la SPAPG tuvo que sacrificar 167 perros y 289 gatos, además de los animales que murieron directamente a consecuencia del abandono y del estado deplorable en el que se encontraron. ¿Es éste el modelo de sociedad irresponsable e irreflexivo que queremos? ¿Son estos los valores y enseñanzas que queremos transmitir a las generaciones futuras? Conviene asimismo recordar, que las únicas especies que pueden convivir en familia con el ser humano, son perros y gatos, por la sencilla razón de responsabilizarnos éticamente de nuestros actos como especie, dado que hemos destruido todo hábitat propio para estos animales, y si perros y gatos no viven con y entre nosotros, ya no tienen donde vivir, ya no existe lugar para ellos en nuestra sociedad. Además, la experiencia de años de convivencia demuestra que son las especies que mejor se adaptan a nuestro modus vivendi. Dejemos vivir en paz a otras especies, evitemos secuestrar y torturar animales exóticos que por fortuna aún disponen de hábitat propio en el que pueden desarrollarse como especie, dando respuesta a sus necesidades. El tráfico ilegal de especies exóticas es el tercer negocio ilegal en el mundo, tras el narcotráfico y el tráfico de armas; para enjaular de por vida un loro en nuestras casas, nueve han muerto atrozmente en el camino. Prevengamos todo este sufrimiento. Adoptemos animales con responsabilidad, no los compremos en tiendas que fomentan el comercio de los mismos, exóticos o no, y evitemos el sufrimiento de las perras de raza que pasan su corta vida pariendo. Porque todo esto depende de nosotros y nosotras, y el abandono de animales no es más que una más entre todas las áreas en las que los seres humanos maltratamos al resto de animales, simplemente por pertenecer a otra especie que no es la nuestra. Si el racismo discrimina en función de la raza y el sexismo en función del sexo, el especismo lo hace en función de la especie. El CAMA (Consejo Asesor de Medio Ambiente) del ayuntamiento de San Sebastián, a propuesta de ATEA, asociación miembro del consejo, ha organizado una jornada abierta al público en general sobre el abandono de animales, que tendrá lugar el próximo jueves 26 de junio en el Centro de Recursos Ambientales de Cristina Enea, a las 18:00 horas y en el que participarán ATEA (Asociación para un Trato Ético con los Animales), SPAPG (Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Guipúzcoa) y la Sección de Salud Pública y Bienestar Animal del Ayuntamiento de San Sebastián.
En San Sebastián a 18 de junio de 2008 ATEAAsociación para un Trato Ético con los Animales |
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No tenemos derecho a cargarnos el planeta como lo estamos haciendo, a que 852 millones de personas pasen hambre crónica en el mundo, muriendo por ello al año cinco millones de niños y niñas; a que la principal causa de muerte entre las mujeres de 15 a 44 años sea la violencia machista, por encima de guerras, accidentes de tráfico y cáncer; a que los osos polares se extingan para el 2030 a causa del deshielo; a que el tráfico ilegal de animales silvestres sea el tercer negocio más lucrativo en el mundo, tras el narcotráfico y el tráfico de armas; a matar a sangre fría un toro en el ruedo para el deleite de nuestra insensibilidad profunda; a cazar por diversión y satisfacción del ego fundamentalmente masculino; a secuestrar animales libres para encerrarlos de por vida en las instalaciones indignas de un circo, donde se verán obligados a realizar actividades contrarias a su naturaleza. Y aunque haya quien se aferre a la más que dudosa legalidad de parte de lo mencionado, lo que desde un punto de vista ético es incuestionable, es que es injusto, y es inmoral. Y "sólo" por eso, y precisamente por eso, no tenemos derecho. Porque los humanos no somos los dueños del planeta, porque no nos pertenece, y mucho menos en exclusividad, porque sólo estamos de paso en él, porque es nuestra obligación ética y moral compartirlo con todos los seres que lo habitan, en igualdad de condiciones, sin comernos la tarta desproporcionadamente. Porque la lotería de la vida, de la existencia, no puede beneficiar sólo a los seres humanos, varones, blancos, nacidos en el hemisferio norte. Como dijo no recuerdo quién, no heredamos la tierra de nuestros antepasados, sino que la tomamos prestada de las generaciones futuras. Idoia Lekue |
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Todo lo que rodea a una especie como la del lobo hace correr ríos de tinta desde tiempo inmemorial, convirtiéndose en un filón inagotable para los medios informativos en la actualidad. El conflicto suele presentarse de forma bipolar. De un lado, los ganaderos; de otra, los ecologistas. Pudiera decirse que la Administración desempeña un papel intermedio, de espectadora, aunque es ella quien al final determina las medidas que se ponen en marcha, y que, dicho sea de paso, no suelen dejar bien parados a los cánidos. Éste vendría a ser, grosso modo, el escenario.
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(earthlings) Earthlings es un documental ganador de múltiples premios, producido y dirigido por Shaun Monson y coproducido por Persia White. La película fue narrada por el actor de Hollywood y activista de los derechos de los animales Joaquin Phoenix. La música es del también activista Moby. Earthlings es un documental acerca de la agricultura y de como la humanidad utiliza injustificablemente a los demás animales para la alimentación, ropa, entretenimiento y uso en la experimentación.
Con un estudio a fondo en tiendas de mascotas, refugios de animales, granjas, comercio de pieles y cuero, los deportes, el espectáculo, y por último en la profesión médica y científica. Earthlings utiliza cámaras ocultas, e imágenes del día a día de las prácticas de algunas de las más grandes industrias del mundo que dependen de los animales con fines de lucro.
Denuncia además las prácticas especistas a las cuales la mayoría de la población está habituada y cuyo tipo de discriminación se ha normalizado hasta la fecha. Via wikipedia Video en castellano |
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Han sido rescatados 47 perros que se encontraban en condiciones lamentables. Podéis ver la noticia original de El Pais en el siguiente enlace. noticia original |
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