Circo sin animales Inprimatu E-posta

Comunicado 

 

ATEA se congratula de la exitosa visita a Euskadi de un circo que no recurre a la explotación de animales. 

 

La Asociación para un Trato Ético con los Animales (ATEA) desea hacer llegar a la opinión pública su satisfacción por la visita a Euskadi de un circo en el que los únicos animales participantes son los humanos. En efecto, el Gran Circo Chino inició hace ya algunas semanas su gira vasca (se encuentra estos días en Gasteiz), con notable éxito de público y un reconocimiento general por su atractiva puesta en escena.


A pesar de que los por fortuna cada vez menos defensores del “circo tradicional” aducen que la ausencia de animales desvirtúa este espectáculo milenario, la realidad muestra más bien lo contrario, dado que desde hace ya muchos años los circos más renombrados del mundo son aquellos en los que priman las habilidades de los y las artistas, y no la patética escena de leones con una voluntad anulada, obligados a comportarse de manera grotesca so pena de recibir castigos físicos y psicológicos. En tal sentido, cabe recordar que forzar a los animales a comportarse de manera antinatural está expresamente prohibido por la normativa proteccionista vasca, cuya Ley genérica se remonta al año 1993.


Espectáculos como el ofrecido por el Gran Circo Chino ponen en evidencia la posibilidad real de que una disciplina artística como la circense puede y debe evolucionar hacia formas más respetuosas de expresión plástica. Siendo así, nos parece una ocasión idónea para lanzar a la opinión pública una invitación: que como consumo cultural en este apartado elijan siempre “circos éticos”. Esta etiqueta resulta siempre incompatible con el uso y abuso de animales sobre la pista.


En numerosas ocasiones nuestra organización ha denunciado la innecesaria crueldad existente en los circos “tradicionales”, aquellos que se sirven de todo tipo de animales como elefantes, leones, tigres o llamas, quienes sufren una tortura oculta a los ojos de una sociedad poco crítica todavía con el sufrimiento cuando este tiene lugar más allá de la frontera humana. Entendemos que es de justicia reconocer aquellos espectáculos que no abandonando una estética y arte propios, prescinden del sometimiento de inocentes. En tal sentido, sería deseable que los ayuntamientos vascos copien modelos como el de muchas ciudades de los países más avanzados del mundo, que han prohibido mediante normativas locales la participación de animales silvestres en los circos. En España, sin ir más lejos, la ciudad de Barcelona es todo un referente en este campo.


La Comunidad Autónoma del País Vasco debe incorporar sin más dilación los derechos de los animales a su ya dilatada lista de logros sociales y de iniciativas progresistas, y desde ATEA creemos que un buen comienzo puede ser el ámbito del circo.

 

 
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