Inicio arrow Una vida coherente
Una vida coherente Imprimir E-Mail

La explotación animal tiene consecuencias devastadoras par sus víctimas. Antes de que acabes de leer este párrafo, miles de inocentes habrán muerto tras una vida de privaciones y sufrimientos. Y varios miles de millones más están en este mismo momento siendo explotados con el único fin de obtener su carne, su piel, sus cuernos, sus huevos, su leche, su bilis sus testículos. Y otros muchos están siendo linchados en público hasta morir, con el consentimiento e incluso el respaldo de la administración, que condecoran y elevan a la categoría de héroes a los autores de estos crímenes. A pesar de que el hecho de haber conseguido algunas leyes de protección pueda hacernos pensar en que las cosas van a mejor, lo cierto es que podemos afirmar sin titubeos que el momento que vivimos es el peor de la historia para los animales que viven cerca del hombre. Jamás hemos hecho sufrir tanto y a tal número de inocentes. Hemos convertido la vida de los animales en un absoluto y constante infierno.

mani2
Esta deprimente realidad puede hacernos pensar que poco podemos hacer por ellos desde nuestra humilde condición individual. Pero, al adoptar una postura derrotista como ésta, parecemos olvidar que la comunidad humana esta compuesta precisamente de individuos, y que, desde un ámbito privado o público, nuestro poder de acción es muy superior al que a veces suponemos. Deberíamos plantearnos la cuestión en términos de ¿qué tipo de sociedad sería aquella compuesta por personas como yo? La respuesta es simple. Se trata de multiplicar. Si, por convicciones éticas, yo no asisto a espectáculos en los que se martiriza a animales, y todo el mundo actuase de la misma forma, simplemente no existirían las corridas de toros, los circos ni las carreras de galgos. Puede parecer un tanto simplista, pero cambiar el mundo comienza por un cambio en cada uno de nosotros y por adoptar una postura comprometida y coherente con lo que pensamos. En este campo analítico, aplicar un elemental principio de extrapolación resulta fundamental. La forma en que nos deberíamos plantear la situación se nos presenta en dos etapas. En primer lugar, cabe preguntarse si nos gustaría ser víctimas de las situaciones en las que los animales sufren y mueren simplemente porque la gente no se toma sus intereses en serio. En un segundo término, debemos elegir entre ser parte del problema o de la solución. Si adoptamos una postura egoísta y nos decantamos por lo primero, se abre una nueva interrogante: ¿en qué medida alguien puede tener intacta su autoridad moral para denunciar aquellas situaciones en las que es víctima de cualquier situación de violencia gratuita?


Todo esto puede parecer poco más que retórica (y tal vez lo sea), por lo que podemos pasar a cosas prácticas y concretas. ¿Qué podemos hacer cada una y cada uno de nosotros en nuestra vida cotidiana para paliar el holocausto animal? El típico listado de consejos resulta recurrente y hasta repetitivo, pero sigue siendo bastante clarificador respecto a toda esa colección de pequeñas cosas que podemos elegir (rechazando, en consecuencia, otras) para dar un paso en la dirección adecuada.

 
Siguiente >