|
Ésta puede parecer una pregunta estúpida, pero, a poco que reflexionemos sobre ella, comprobaremos que no lo es tanto.
En realidad, cuando utilizamos genéricamente el término “animales”, podemos estar refiriéndonos a, al menos, dos grupos zoológicos bien distintos, por las acotaciones que hacemos del mismo. En un sentido biológico, nosotros (los humanos) somos animales, tanto como puedan serlo las hormigas, los orangutanes o los peces. En un plano cultural, utilizamos el vocablo “animales” tan solo para designar a los animales no humanos. Esta realidad puede no parecer más que un capricho lingüístico, pero lo cierto es que refleja como pocas la actitud “distante” que inconscientemente tratamos de mantener con el colectivo referido. La acepción cultural del término “animales” no tienen entidad alguna, pues carece de todo sentido que nos empeñemos en mantener cohesionado a un grupo en el que lo mismo caben los insectos (de los que nos separa una gran barrera, filogenéticamente hablando) que los chimpancés, cuyo material genético es idéntico al nuestro en un 98%.
 Lo cierto es que podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que, en tal sentido, los animales “no existen”, al menos no como grupo natural y homogéneo. Estaríamos, por lo tanto, ante un colectivo ficticio por absurdo. Y ello no tendría mayor importancia si no fuera porque le aplicamos connotaciones morales, reduciendo a quienes lo componen al estatuto de mera “mercancía”, con los devastadores resultados que todos conocemos.
Al filo de toda la reflexión anterior, y a modo de refuerzo argumental, cabe destacar que no podemos establecer una sola afirmación moralmente relevante que sea aplicable a todos y cada uno de los animales no humanos, y que al mismo tiempo no pueda servir para, al menos, algunos seres humanos. Si conoces alguna, háznoslo saber.
Hablar acríticamente de “animales” implica, además de prostituir el lenguaje, perpetuar la condición a la que han sido condenados por nuestra cultura. Por ello, desde el Movimiento Animalista, y a falta de un término sencillo para designarlos, introducimos ocasionalmente expresiones que se adecuan con mayor precisión a la realidad, como pueden ser la de “animales no humanos”, que compaginamos con la tradicional por cuestiones de tipo práctico.
|