|
Estamos ante uno de los vocablos menos conocidos por el gran público y que, sin embargo, esconde tras de sí la forma de discriminación más extendida y devastadora que existe. La mayoría de la gente tiene una noción aproximada de lo que significa ser racista, clasista o machista: discriminar injustamente a otros (seres humanos en este caso) apelando a la raza, clase social o género. Salvo quienes asumen como justificadas estas formas de discriminación arbitraria, lo normal es que tales actitudes sean duramente criticadas por la sociedad en general, sobre la base de que el mero hecho de ser negro, pobre o mujer no es motivo suficiente para negar derechos fundamentales, como el derecho a la vida o a no ser agredido.
Sin embargo, se da la circunstancia de que la práctica discriminatoria más extendida entre los seres humanos es asumida por la ciudadanía en pleno, incluida la inmensa mayoría de quienes se oponen con vehemencia a actitudes como las antes mencionadas. Somos especistas cuando justificamos e incluso defendemos formas de agresión en animales que condenaríamos si las víctimas fueran hombre o mujeres, o cuando hacemos lo propio con unos animales respecto a otros, posicionándonos a favor de las corridas de toros pero criticando que alguien propine una patada a un perro.
 La peregrina idea de que “no son humanos” suele presentarse como suficiente a la hora de legitimar las más atroces torturas a millones de animales, en muchos casos hasta la muerte, para satisfacer nuestro capricho por un determinado sabor, una determinada estética o una determinada forma de ocio.
El especismo es hoy la base ideológica sobre la que se sustenta el fenómeno de violencia organizada más devastador que jamás haya existido en la historia de la humanidad. Mientras las sociedades esclavistas o el Holocausto nazi pertenecen afortunadamente a un oscuro pasado, la mayoría de nosotros seguimos participando y/o justificando el crimen cotidiano y masivo de los mataderos, de los hipódromos, de los circos, de las granjas peleteras, de los zoológicos, de las perreras, de los laboratorios, de las plazas de toros, de las tiendas de mascotas, de la caza, de la pesca o de las naves de engorde rápido.
|