Inicio arrow El movimiento animalista
El movimiento animalista Imprimir E-Mail

El Movimiento Animalista es, ante todo, un Movimiento de Reforma Moral. El más significativo que exista en la actualidad o que haya existido alguna vez en la historia de la Humanidad. Esto es así en la medida de que un triunfo de sus tesis acabaría con una cantidad de sufrimiento y dolor gratuito sobradamente mayor que el triunfo de cualquier otro movimiento de carácter solidario.  El número de individuos implicados y el grado de violencia que se ejerce sobre ellos vuelven a adquirir aquí una importancia teórica crucial.

 

La ideología animalista aspira a una relación entre humanos y animales basada en el respeto y la consideración hacia éstos, y no en la explotación masiva y el desprecio más absoluto de sus intereses, tal y como sucede en la actualidad.
perros
Las diferentes corrientes teóricas dentro de la defensa y protección de los animales muestran notables diferencias. Por utilizar un baremo comprensible, las distintas posturas van desde el mascotismo (cuyos adeptos difícilmente pueden ser calificados de animalistas, dado que su único interés pasa por el cuidado extravagante de los animales a su cargo), hasta el liberacionismo (orientado a lograr una sociedad en la que no se recurra a ninguna forma de explotación animal). Entre ambos extremos, nos encontramos con dos tendencias muy populares, como son la proteccionista (históricamente limitada a los llamados animales de compañía desde posturas en cierta forma paternalistas, aunque por fortuna cada vez menos) y la bienestarista (que trata de conciliar la utilización de los animales como recursos humanos con un mínimo bienestar durante su explotación).

La organización ATEA se enmarca dentro de la vía liberacionista (también llamada abolicionista), aunque en ningún momento olvidamos la importancia que tiene cualquier otra forma de ver la defensa de los animales, ni la eficacia a la hora de transmitir el mensaje, con lo que, en ocasiones, entendemos que se debe adoptar un discurso equilibrado si se quieren obtener resultados positivos.

Especial atención merece la estrategia seguida hasta ahora por el movimiento animalista y, consecuentemente, la reflexión objetiva y rigurosa que debe seguirse de ello. En tal sentido, y salvo que estemos condicionados por una predisposición natural al optimismo, no resulta fácil identificar logros importantes dentro de la historia de la defensa y protección de los animales en España. Después de casi tres décadas, durante las cuales el movimiento se ha multiplicado notablemente en grupos y activistas, algo tan rechazado por la ciudadanía como el abandono de animales de compañía sigue constituyendo una lacra en todo el país, donde cada año docenas de miles de inocentes deben ser sacrificados ante la inexistencia de otra alternativa más esperanzadora. Y las corridas de toros, con toda su carga de crueldad real y simbólica, siguen siendo hoy una realidad al menos tan sólida como hace veinte años, a pesar de que buena parte de las energías y los recursos del movimiento han ido dirigidos a condenar esta lacra cultural.


Con toda seguridad, no sería justo adoptar una postura crítica hacia un colectivo de personas que emplean su tiempo y hasta su dinero en una causa solidaria cuya única recompensa es de índole emocional y ética. Pero, al mismo tiempo, y vista la cruda realidad ante la que nos encontramos, parece razonable la urgencia de revisar lo andado y de, si procede, asumir una postura autocrítica, siempre con los intereses de los animales como fin último.

 
Siguiente >