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Monográfico sobre abandono en Donostia: Dossier de prensa Inprimatu E-posta

ABANDONO DE ANIMALES

 

 

El CAMA (Consejo Asesor de Medio Ambiente) del ayuntamiento de San Sebastián, a propuesta de la asociación ATEA, convoca al público en general a una jornada de reflexión sobre el abandono de animales.

 

 

Somos personas muy afortunadas, vivimos en un país desarrollado, sin pasar, pese a la crisis, grandes necesidades; un país que presume de valores humanos, de proteger a los desprotegidos, y de educar en valores solidarios. Somos los primeros en enviar ayuda internacional cuando se necesita, y nos erigimos en valuarte de la defensa de los pobres, desfavorecidos y de los derechos humanos. En situaciones de grandes catástrofes enviamos aviones, mantas, comida y personal humanitario. Organizamos maratones televisivos, y nos volcamos en ayudas económicas.  Somos los primeros en cooperación y en donación de órganos. Somos estupendos. Desde el sillón de nuestra casa, nos permitimos el lujo de sentirnos un poco abrumados por la suerte que tenemos y sentir lástima por aquellos que sufren. Mujeres y niños. Por citar algún ejemplo cercano citaremos lo que acaba de suceder en Birmania o China, o cualquiera de las imágenes de la hambruna en África.

 

 

Imaginemos por un instante, que una de esas desgracias naturales, cada día más frecuentes, sucediera en nuestro estupendo mundo. Imaginemos que las pasadas inundaciones en Getxo, nos han pasado a nosotros. Imaginemos que de repente nos quedamos sin techo.

 

 

Sin techo, sin hogar, sin amparo, abandonados a nuestra suerte, sin ayuda de ningún tipo. Abandonados como un bebé, una criatura o un anciano. Sin ningún tipo de recurso emocional para poder comprender lo que nos está sucediendo, el porqué de esta situación, provocando indefensión, impotencia, llanto, dolor y sufrimiento. Sin ser capaces de buscarnos la vida, sin póliza de seguro a la que acudir, sin amigos a los que tocar la puerta, sin nada que comer, sin tener con qué arroparnos y dónde protegernos. Sin techo donde refugiarnos. Sin techo donde llorar nuestras penas, y todo eso, ante la mirada insensible de nuestros vecinos, amigos y nuestras instituciones que supuestamente nos protegen.

 

 

Recordemos por un segundo esa criatura que llegó en Navidad, cuando tras una breve (o nula) reflexión, eso sí imbuidos por el todopoderoso espíritu navideño, acogimos en nuestro hogar, a ese pequeño ser… ¡Qué bonito! ¡Qué monada! ¡Qué felices éramos todos!

 


Si hubiéramos sabido entonces que compartir nuestra vida con esa criatura, nos comprometía no sólo a cuidarla, y respetarla hasta que la muerte nos separe, ofreciéndole un techo, un hogar, cuidando sus necesidades de alimento, cariño, afecto, levantándonos por la noche para cuidar su llanto. Si hubiéramos sabido entonces lo que nos iba a cambiar la vida lo de los pises, los vómitos, los llantos, las quejas de los vecinos, el desorden en la casa… Ay, si nos hubieran asesorado y nos hubieran dicho que las risas del principio no iban a durar para siempre, que las criaturas crecen, y se hacen grandes, que sus necesidades aumentan, que la Navidad pasa y que todo vuelve a su ser…

 

 

Si hubiera…, si hubiera, si….

 

 

 Imaginemos ahora por un segundo que esa criatura es un animal. Es un perro, un gato, conejo, tortuga, caballo, pájaro…  No por ser un animal dejará de sentir todas estas cosas.  Y desde luego, no por ser un animal nos libera a nosotros de la responsabilidad.

 

 

Cuando llegan las vacaciones, ¡Ay si lo hubiésemos sabido! ¿Qué hacemos ahora con el bicho? De un plumazo se nos olvidan todos nuestros compromisos, y la situación se vuelve insostenible.  La pregunta de qué hacemos con el bicho, debería ser como la de ¿Qué hacemos con el suegro o el niño? ¿Una residencia? ¡Qué caro! ¿Colonias? ¿Una chica que le cuide? ¿A casa de tu hermano? ¿Y en el avión?

 

 

La solución suele ser por desgracia, que el bicho a partir de hoy, ya no es de la familia. Esto no merece la pena.  Así no se puede vivir. Nos está destruyendo…. Y "Ojos que no ven, corazón que no siente"  como dice el refrán… Y el bicho, acaba en el mejor de los casos en una casa de acogida; en el peor, se vuelve otro "sin techo" que pululará y mendigará a nuestro lado, ante la indiferencia de nuestros ojos, que prefieren no ver lo que está pasando. Porque no lo olvidemos; nosotros somos solidarios, vivimos en una sociedad modelo, que protege y ayuda.

 

 

Si fuéramos tan animales para poder sentir lo que significa ser abandonado, lo que implica ser un sin techo, lo que supondrá pasar frío, hambre, tristeza y abandono. Lo duro que será acabar solo en una cuneta atropellado, o muerto por otro animal en una pelea ilegal, o en un laboratorio. Si fuéramos tan sensibles para ponernos en su lugar, seguramente no lo haríamos.

 

 

Pero entonces es cuando, para justificarnos en nuestra arrogancia y prepotencia, para poder seguir viviendo en nuestro mundo de primera fila, pasamos a hablar del ser humano en tercera persona. Y obramos en consecuencia. Abandonamos clandestinamente, con premeditación, nocturnidad y alevosía, al que hasta entonces había sido el "rey o reina de la casa"

 

 

Pero no está todo perdido, porque claro está, vivimos en una sociedad democrática y de derecho, y las leyes están para proteger y protegernos, y las Instituciones velan por el cumplimiento del Ordenamiento Jurídico, ¿no? Tenemos ahí, por ejemplo, la Ley de Protección de los Animales del Gobierno Vasco que prohíbe específicamente el abandono de los mismos en su Artículo 4 .

 

 

Esta Ley acaba de cumplir ahora 14 años, y en su Exposición de motivos dice textualmente que “el desarrollo de las sociedades de nuestro entorno ha venido acompañado de la adquisición paralela de un mayor grado de desarrollo social y cultural, manifestado también por una cada vez más importante exigencia de respeto hacia los seres vivos que integran el mundo animal, y particularmente hacia aquellos animales que más cerca e íntimamente conviven con el hombre”.
 Y para seguir regalándonos los oídos  añade “La presente Ley persigue aumentar la sensibilidad ya existente en nuestra sociedad, mediante el establecimiento de las bases para una educación que promueva la adopción de comportamientos más humanitarios y propios de una sociedad moderna"

 

 

Desgraciadamente, nos parece que estos loables objetivos no se han cumplido a causa de la escasa aplicación de la Ley por parte, fundamentalmente, de la Administración. Creemos que a pesar de que esta Ley sea una normativa insuficiente, restrictiva y discriminatoria, que deja fuera de su ámbito a muchos animales y situaciones necesitados de protección, si se aplicara y se desarrollara hasta sus últimas consecuencias, la situación de muchos animales experimentaría una gran mejoría.

 

El art. 4 prohíbe expresamente el abandono de animales, sin embargo son escalofriantes los índices de abandono de los mismos, con la impunidad de sus dueños. Si el control de venta y registro de animales existiera, y si fuera eficaz, quizás esta situación podría cambiar. En este sentido sí cabe reconocer los esfuerzos que se han hecho para informar y concienciar a la sociedad de que no se debe abandonar a los animales en algunas campañas de sensibilización.

 

 

 Pero no nos engañemos, es fácil estar en contra del abandono de animales. Pero no olvidemos que el destino de estos animales, si no se les encuentra un hogar de adopción es el sacrificio. Sacrificio sí, regulado, indoloro, pero una pena de muerte cierta. A los treinta días. Legalmente. Sin comentarios. Sólo queremos recordar que se trata, en todo caso, de seres absolutamente inocentes, sin tener ninguna culpa ni haber cometido ningún delito. 

 

 

 En definitiva la Administración deja en manos del voluntariado y de las labores de las Asociaciones la búsqueda de hogares para los animales abandonados, porque legalmente tras esos treinta días se pueden sacrificar. No hay recursos humanos ni materiales para mantener a tanto animal abandonado, todo ello frente a la impunidad del maltratador que realiza esa conducta.

 

 

El abandono se considera una cesión, y no sólo eso, sino que además, quien abandona a un animal, puede adoptar y coger otro que le guste más.

 

 

A continuación hablará la representante del Ayuntamiento de Donostia, y nos contará lo que ellos hacen o pueden hacer para evitar esta situación.

 

 

Por su parte, este genocidio animal sólo se está suavizando por los buenos oficios y el sacrificio humano y personal de la gente como la de la Sociedad Protectora de Animales, y asociaciones como ATEA que denuncian este tipo de situaciones.

 

 

Hay algunas cosas que como seres humanos podemos hacer para prevenir en cierto modo el abandono, como la esterilización de los animales con los que convivimos.

 


Porque aunque la intervención quirúrgica y la decisión por nuestra parte de no dejar reproducirse a los animales que están bajo nuestra responsabilidad quizás no sea la mejor solución desde el punto de vista ideológico, probablemente sea hoy la mejor manera de evitar ese sufrimiento mayor que es el abandono y sus terribles consecuencias. Porque aunque quizás podamos responsabilizarnos de encontrar un hogar digno para sus cachorros directos, ¿podremos responsabilizarnos de las camadas de éstos? El aumento va en progresión geométrica y las estadísticas nos dicen que el final de muchos será el abandono.

 

 

En 2007, la SPAPG tuvo que sacrificar 167 perros y 289 gatos, además de los animales que murieron directamente a consecuencia del abandono y del estado deplorable en el que se encontraron. ¿Es éste el modelo de sociedad irresponsable e irreflexivo que queremos? ¿Son estos los valores y enseñanzas que queremos transmitir a las generaciones futuras?

 

 

Conviene asimismo recordar, que las únicas especies que pueden convivir en familia con el ser humano, son perros y gatos, por la sencilla razón de responsabilizarnos éticamente de nuestros actos como especie, dado que hemos destruido todo hábitat propio para estos animales, y si perros y gatos no viven con y entre nosotros, ya no tienen donde vivir, ya no existe lugar para ellos en nuestra sociedad. Además, la experiencia de años de convivencia demuestra que son las especies que mejor se adaptan a nuestro modus vivendi.

 

 

Dejemos vivir en paz a otras especies, evitemos secuestrar y torturar animales exóticos que por fortuna aún disponen de hábitat propio en el que pueden desarrollarse como especie, dando respuesta a sus necesidades. El tráfico ilegal de especies exóticas es el tercer negocio ilegal en el mundo, tras el narcotráfico y el tráfico de armas; para enjaular de por vida un loro en nuestras casas, nueve han muerto atrozmente en el camino.

 

 

Prevengamos todo este sufrimiento. Adoptemos animales con responsabilidad,  no los compremos en tiendas que fomentan el comercio de los mismos, exóticos o no, y evitemos el sufrimiento de las perras de raza que pasan su corta vida pariendo.

 

 

Porque todo esto depende de nosotros y nosotras, y el abandono de animales no es más que una más entre todas las áreas en las que los seres humanos maltratamos al resto de animales, simplemente por pertenecer a otra especie que no es la nuestra. Si el racismo discrimina en función de la raza y el sexismo en función del sexo, el especismo lo hace en función de la especie.

 

 

ATEA

 

(Asociación para un Trato Ético con los Animales)

Donosita-San Sebastián a 25 de junio de 2008

 

 
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